La música que nos mueve no tiene libros

música y libros en fragmentos

La FILBO como excusa para hablar de lo que casi nadie escribe: libros que piensan la música, la cultura popular y el acto de crear sin volverse manuales ni tesis.

Hace unos años fui a una librería grande, de esas que tienen sección de música, y busqué algo que me ayudara a entender por qué ciertos discos me afectan de una manera que no sé explicar. Encontré métodos de guitarra. Biografías escritas por periodistas, muchos libros de método. Un par de libros de musicología que parecían diseñados para alejar a cualquiera sin posgrado. Me fui con las manos vacías y una sensación rara, como cuando buscas algo en el diccionario y la definición usa palabras que tampoco conoces.

El problema no es que no haya libros. Es que casi todos asumen que uno quiere aprender a hacer música, no entender qué le hace a uno cuando la recibe. Son cosas distintas. Una es técnica. La otra no sé bien cómo llamarla.

El lector que queda en el limbo

Hay una idea rara en el mundo editorial: que los libros sobre arte son para artistas. O para los críticos. El lector que simplemente escucha, ve, consume y quiere pensar en lo que consume sin convertirse en especialista queda en un lugar incómodo. Demasiado casual para los textos especializados. Demasiado curioso para conformarse con las reseñas de dos párrafos que describen el argumento sin decir nada.

El resultado es extraño. Hay una producción cultural enorme y muy poca escritura que la acompañe. No escritura que explique cómo se hizo, sino escritura que se pregunte qué significa. Por qué ciertas canciones funcionan en ciertos momentos de la vida y no en otros. Por qué un género puede cargar toda una identidad generacional. Por qué hay discos que uno escucha veinte años después y todavía le dicen algo que no esperaba.

Aquí cinco libros sobre música que pueden buscar en la Filbo sí comparten esta inquitud:

Byrne

David Byrne escribió Cómo funciona la música desde un lugar que casi no existe: el del artista que piensa en voz alta sobre su propio medio sin pretender que llegó a ninguna conclusión. No da clases. Se hace preguntas sobre por qué la música suena distinto en una catedral que en un club, sobre cómo la tecnología de grabación cambió no sólo cómo se hace música sino cómo se imagina antes de hacerse. 

Lo que hace que el libro sea raro en el buen sentido es que Byrne no cierra. Uno termina el libro y tiene más preguntas que al principio. Eso no pasa mucho.

Y en español casi no existe ese formato. El artista colombiano que piense el vallenato o la champeta o el rap bogotano con esa misma seriedad curiosa, sin ponerse a defenderlo ni a explicarlo para alguien que no lo conoce. Ese libro no está escrito todavía.

Wilson y Dion

El título de Carl Wilson es una provocación calculada. Música de mierda es un libro sobre Celine Dion, o más exactamente, sobre por qué a Wilson le parece mala y qué dice eso de él.

Wilson pasa un año entero escuchándola en serio. No con ironía. De verdad. Y lo que encuentra es que el gusto es un territorio minado de clase social, de pertenencia, de miedo a quedar mal. Lo que uno desprecia culturalmente casi siempre dice más de uno que del objeto despreciado.

Es un libro incómodo. Uno lo termina pensando distinto, no sobre Dion necesariamente, sino sobre la última vez que dijo que algo le parecía malo y por qué lo dijo con tanta seguridad.

El libro de reggaetón

El libro de Andrea Uribe sobre reggaetón es importante por una razón muy simple: existe.

Reggaetón es el género más escuchado del planeta ahora mismo. En Colombia llevamos décadas conviviendo con él bailándolo, ignorándolo, odiándolo, amándolo según el momento sin que casi nadie lo pusiera sobre una mesa con seriedad. Uribe lo hace. No para defenderlo ni para atacarlo. Para mirarlo: historia, política, cuerpo, de dónde viene, qué dice sobre cómo nos relacionamos. 

Así la siguiente vez que baje hasta el piso en la pista va a poder entender ese movimiento en su historia y su importancia para la economía cultural de nuestro continente.

Rubin

El acto de crear, escrito con Neil Strauss, no es un libro sobre la industria ni sobre cómo se hace un disco exitoso.

Es un libro sobre de dónde vienen las ideas. Sobre por qué a veces se caen. Sobre qué hace uno con eso. Está lleno de contradicciones que Rubin no intenta resolver. No es autoayuda para los artistas. Es algo más raro y más honesto que eso.

Lo que todavía falta escribir

Hay una conversación pendiente. Colombia tiene una cultura musical enorme, géneros propios que cambiaron el sonido del continente, artistas que la gente escucha con una fidelidad que va más allá del entretenimiento. Y casi no hay libros que piensen todo eso.

No hace falta que sean académicos ni exhaustivos. Hace falta que tengan punto de vista, que no le tengan miedo al objeto. El vallenato, la cumbia, el hip hop de Bogotá, la escena de electrónica de los noventa. Hay libros que escribir ahí.

Nadie los está escribiendo todavía. O si los están escribiendo, no los estoy viendo. Que también puede ser.

Mientras tanto, estos cinco están. Y eso ya es algo.

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