Los libros: un lugar seguro para Carrie White

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“Escribí tres páginas a espacio simple de un primer borrador, luego las arrugué con disgusto y las tiré a la basura. La noche siguiente, al regresar de la escuela, mi esposa Tabby tenía las páginas. Las había visto mientras vaciaba la papelera, sacudió las cenizas de cigarrillo que habían quedado en las bolas de papel arrugadas, las alisó y se sentó a leerlas. Quería que continuara. Quería saber el resto de la historia”.

Este pasaje, extraído de «Mientras escribo: memorias del oficio», de Stephen King, relata el germen de «Carrie», su primera novela, publicada en 1974, y el comienzo de la prolífica carrera que lo convirtió en el maestro del terror.

La historia, inspirada en dos chicas que King conoció en el colegio —una acosada por ser muy callada y otra por ser hija de una madre soltera y por su forma de vestir—, presenta a Carrie, una joven solitaria y marginada que ha crecido bajo el yugo de una madre abusiva, sobreprotectora y fanática religiosa. El acoso que sufre en el colegio y en casa la lleva a reconocer las habilidades telequinéticas que posee desde niña y a encontrar en ellas una manera de defenderse y cobrar revancha.

Tras las versiones cinematográficas de Brian De Palma (1976), Katt Shea (1999), David Carson (2002) y Kimberly Peirce (2013), el director y guionista Mike Flanagan trae de vuelta este clásico con una serie de ocho episodios para Amazon Prime. Su propuesta sitúa esta historia de venganza, matoneo, fanatismo, soledad y represión en un presente en el que las redes sociales y la tecnología han contribuido a que los discursos de odio, la ignorancia y la intolerancia alcancen niveles aterradores.

La infancia de Carrie está marcada por las prohibiciones, el miedo, un cuarto de oración que se convierte en su cárcel y un mundo tan diminuto que la ahoga día tras día. Pero una vecina le muestra que existen libros más allá de la Biblia, el único texto al que su madre le permite acceder. Gracias a ellos, Carrie encuentra un lugar seguro, la esperanza de que hay algo más allá de la oscuridad en la que siempre ha vivido y personajes que la acompañan y con los que puede conversar. Este vínculo cobra mayor fuerza visual en el segundo capítulo de la serie, cuando el consejero escolar entabla una charla con ella en la que comparten citas y recomendaciones literarias.

  • “¿No es agradable pensar que mañana será un nuevo día sin errores todavía?”, de «Ana de las tejas verdes», de L. M. Montgomery (el libro favorito de Carrie).
  • “Nunca debemos avergonzarnos de nuestras lágrimas”, de «Grandes esperanzas», de Charles Dickens.
  • “Algo que he aprendido en la vida es que no tienes que entender las cosas para que existan”, de «Una arruga en el tiempo», de Madeleine L’Engle.
  • “Nada es tan doloroso para la mente humana como un cambio grande y repentino”, de «Frankenstein», de Mary Shelley.
  • “Sé que serás amable, inteligente y audaz. Y si tu corazón es grande, más podrás aguantar. Cuando haya oscuridad en las noches y los días sean grises, serás valiente y brillarás para que no queden sombras y podrás convertirte en quien quieras ser. Y luego te miraré y tú me mirarás, y te voy a amar sin importar en quién te hayas convertido”, de «Las maravillosas cosas que llegarás a ser», de Emily Winfield Martin.

Esa conversación da paso a un acto simbólico aún más poderoso: el consejero le presenta a Carrie la biblioteca escolar, la primera que conoce. La chica recorre las estanterías, maravillada ante las posibilidades que le ofrecen, y hace una selección de libros que no es casual: todos son títulos que han sido censurados, incluso hoy en día, y que, en su mayoría, fueron escritos por mujeres.

    • «Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado», de Maya Angelou (censurado porque narra la violencia y el racismo sistemático que vivió la autora en Estados Unidos).
  • «La última noche en el club del telégrafo», de Malinda Lo (censurado porque habla a los lectores más jóvenes sobre identidades sexuales diversas).
  • «El cuento de la criada», de Margaret Atwood (censurado porque retrata un sistema machista y religioso que oprime a las mujeres).
  • «Buscando a Alaska», de John Green (censurado porque presenta a jóvenes que se enfrentan al despertar sexual, al fácil acceso a las drogas y a problemas de salud mental).
  • «Alguien voló sobre el nido del cuco», de Ken Kesey (censurado porque cuestiona los mecanismos de control social y fomenta un pensamiento crítico y rebelde).

En este sentido, los libros se presentan como un acto político, una cartografía de nuestra historia, una forma de expresión y de libertad humana, y un testimonio de lo que somos como especie. Eso que algunos parecen querer callar y borrar. Eso que deberíamos defender a toda costa. Para no olvidar lo ocurrido. Para recordar a quienes estuvieron. Para que no definan lo que seremos.

Esa conversación cobra mayor relevancia cuando la producción retrata el miedo del mundo a la voz femenina. Históricamente, las mujeres han sido perseguidas y silenciadas; sus mensajes, tergiversados; y su legado, cuestionado. ¿Cómo olvidar cuántas fueron acusadas de herejía y condenadas a la hoguera por resistirse a un sistema que buscaba oprimirlas, por conocer más allá de lo que la sociedad les permitía y por desafiar el mandato masculino?

Para cerrar este texto, dos citas que aparecen en la serie y que condensan uno de los pilares de la propuesta de Flanagan: explorar la naturaleza humana y la dicotomía de una especie capaz de los actos más generosos, pero también de los más viles.

  • “¿Y si esta noche hacemos una nueva regla de vida? ¿Por qué no intentar ser un poco más amables de lo necesario?”, de «El pajarito blanco», de James Matthew Barrie.
  • “Los humanos tienen talento para arruinar lo grande y lo hermoso”, de «Crónicas marcianas», de Ray Bradbury.
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